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Quizá los restos más abundantes, que han quedado de los suevos son los numerosos topónimos y antropónimos, que han dejado. Los hispanogaláicos adoptaron la onomástica germánica, como antes habían adoptado la romana; y los suevos dieron nombres germánicos a los poblados fundados por ellos.

Los nombres germánicos constan generalmente de dos elementos, que tienen significado aristocrático, o sea vienen a significar «lo que los padres esperan ver realizado en el futuro de sus hijos, según Piel, con innegable vena poética». Así Remisniundo se compone de dos elementos: Remis, quietud y Mund protección: Teodomiro, de Theuds, pueblo y mereis, famoso. Entran los nombres de animales fuertes y nobles, como ebor, jabalí baira, oso; wulf, lobo; ar, águila, como Eborico (Eurico), Ber-mudo, Arnulfo, Aragildo.

Los nombres se conservan durante la Edad Media, y aún perduran en nuestros días. Donde más abundan los nombres suevos es en la región de Oporto y Braga; pero los hay en toda Galicia.

Citamos los nombres según la forma romanizada; puesto que en la forma germánica son bastante diferentes.

Hay elementos que ocupan el primer lugar en el nombre, como arg: fuerte; así Argaiz, Argimiro, Argesindo; rod: gloria, como Rodrigo; hilde, o ilde: lucha, como Hildebrando; ermen: fuerte, como Ermegildo.

Otros entraban más al final como gildo: válido, apto, como Atanagildo; riks: rico, como Hermerico; wulfo, como Sisulfo; red : consejo, como, Sigeredo.

Había también nombres formados de un solo elemento como ata: padre; miro: paz; frumar: primógenito. A veces recibían sufijos hipocorísticos, como ila, ilo, izca, ica; así Atila, Reckila, Witiza, Egica.

Entre los que se han ocupado del estudio de los nombres germánicos en España, se puede citar al P. Sarmiento, Rodrigues Lapa, Alberto Sampayo, W. Meyer-Lübke; y posteriormente a Sachs, Schönfeld, Gamillscheg, Krasizmeyer, Pfalz, Schwavz y sobre todo a Piel. Sus conclusiones han sido resumidas por Reinhart y por Bouza Brey.

Según este penúltimo historiador J. M. Piel en los estudios llevados a cabo sobre la toponimia portuguesa encontró unos 3.000 nombres de origen germánico; y desecha la opinión de E. Gamillscheg de que proceden de los godos, que se refugiaron en el Norte de la Península, al huir de la invasión árabe; dado que la mayor cantidad de topónimos se encuentran al Sur del Miño, territorio que quedó en poder de los árabes hasta el siglo IX.

De suerte que dichos topónimos tienen origen suevo y corresponden exactamente en número proporcional a la densidad de población sueva, que ocupó dicha zona. Los distritos de Braga y Oporto presentan la mayor densidad de topónimos; de acuerdo con lo que sabemos de que contituyeron dichas poblaciones la capital y la plaza más fuerte del reino suevo.

De suerte que se puede llegar a conocer la densidad de la población sueva en Galicia por el número de topónimos encontrados; aunque es preciso tener presente que los nombres germanos pudieron a veces ser dados por los hispanos. Siguen con gran proporción de topónimos en este orden: Viana do Castelo, Aveiro y Pontevedra; y en mucho menor proporción La Coruña, Lugo, Vizeu, Vila Real, Orense, etc.

Según Bouza Brey los nombres de possesores germanos, o dueños de tierras no sólo se conservan hoy en la toponomástica, sino que continuaron como nombres personales, o propios, durante muchos siglos tanto en Galicia como en Portugal. Si registramos los documentos medievales más antiguos llegados a nosotros de una y otra orilla del Miño, observamos que la proporción de nombres germánicos de personas es tan extraordinaria que, en frase de Piel «cuesta casi creer que hayan sido redactadas en país románico». Ya hablamos anteriormente del documento gallego copiado en la Galicia Histórica, Colección Diplomática, I, 1.901, p. 225-227; ahora citaremos el documento de la fundación de la iglesia de Lordosa, en el que según Piel de los veinticinco individuos que en el se citan, dieciocho llevan nombres germánicos. Piel da una lista de elementos finales más frecuentes de los topónimos de origen germánico: los terminados en -vai-frei-ilde,-gondo?gunde-mir- y mil, -munde,-iz,-sinde,-al-de,-y-ulfe. Se considera de origen suevo las palabras Boiro= casa; sala de donde saa, que entra en composición con otro elemento latino en Saavedra de Sala vetera; britar=romper; lobio=emparrado laberca = alondra; trigar = empujar.

García de Diego, según Bouza Brey (O. c. p. 8) señala como posibles palabras de procedencia sueva: áscoa=brasa; broa= pan; buxeu = carnicero; drola o trola = embuste; lisca y lasca = trozo; trincar =beber.

El gran etnógrafo portugués Dr. Jorge Días, según hemos oído hace muchos años de sus propios labios, sostiene que el arado cuadrado, cuyo esquema forma una figura geométrica de cuatro ángulos y se emplea para labores profundas es de origen suevo.

Torres, Casimiro. Galicia Sueva. Fundación Pedro Barrié de la Maza Conde de Fenosa. Preparada por el Instituto P. Sarmiento de Estudios Gallegos. Año 1977. Páginas 289, 290, 291.

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